jueves, 16 de mayo de 2013

Decepciones que queman en la garganta.

Miro a mi alrededor y no puedo evitar sonreír. Veo a gente quejándose de todo, un mal día, una pelea con una amiga, un novio que no responde a sus mensajes... No tienen ni idea. Miro a mis amigos, a la gente que me rodea, y aunque sólo tenga dieciséis años, me siento tan mayor ya. Todos crecen a mi alrededor, hacen sus musicales, sus viajes, sus cenas... Y yo, bueno, yo voy avanzando como puedo. Me conozco las piedras con las que tropiezo, se han convertido en algo habitual en mi camino. Las saludo y nos sonreímos, siempre las mismas sonrisas; esperan a que pase y cuando ya las he dejado atrás... Bam, aparecen justo bajo mis pies y la caída es bestial. Gente que cambia tanto, ya no las reconoces, ya no son quienes eran. Ni siquiera son una sombra de lo que fueron una vez. Un ejemplo, ella. Que puedo decir, ¿la perversión en estado puro? Y aún así, teniendo pruebas que me hacen ver cómo ha cambiado, todavía no puedo creerlo. Aún recuerdo su inocencia, su sonrisa sincera, sus miedos, sus experiencias. "¿Recuerdas cuando me contaste tu primer beso?". Eso desearía preguntarle ahora mismo. Su candidez, su alegría, su emoción... Compartir secretos, andar juntas hacia el colegio. Quedarnos hablando hasta llegar tarde, hacernos fotos a escondidas en cualquier portería. Y como cierta canción cantada por cierta princesa en cierto musical... Y llegó el amor. Y recuerdo cómo me contaste cuando le conociste, cómo te brillaban los ojos cuando me explicaste lo adorable que él era contigo. Y lo increíble que pensé que sería que tuvierais algo vosotros dos. Tú, una de mis amigas más cercanas en aquel momento, y él, mi mejor amigo. Apuesto a que tú nunca lo supiste, no creías que él y yo fuéramos tan amigos. Pero así es, es lo más parecido que tengo a un hermano. No nos contamos todas las cosas que nos pasan, ni nos preguntamos cada día cómo estamos. No necesitamos nada de eso, una sola mirada, la posición del cuerpo, la simple respiración es suficiente para saber que algo nos pasa. Nos tenemos cuando realmente nos necesitamos, y no importa nada más. Y por eso, cuando me contó que ya no estabais juntos, perdí el culo por ir a verle. Sabía que no estaba bien. Y me dio igual el hecho de tener un examen al día siguiente y no haber estudiado nada. Su felicidad no vale ni todos los dieces del mundo. Y pensé, ¿cómo hemos llegado a esto?. Cómo tú, tan sensible y buena antes, eras capaz de mentirle de esa manera, dejándolo ese día  y en ese sitio. Sangre fría, eso fue lo que necesitaste para hacerlo. Y la que necesitaste todo este tiempo, viviendo una mentira y callándote todo, como una inocente. Porque quizá decidiste que dejarlo no sería rentable, que volverías a estar sola como ya habías estado antes. Y eso te asustó, y preferiste ser egoísta y pensar sólo en ti. Como has estado haciendo siempre, desde el momento en el que cambiaste.

Y me pregunto: ¿Cuándo fue ese momento? ¿Fue algo que duró su tiempo,o en un instante cambiaste de repente? Y siendo de cualquiera de las dos maneras, ¿te diste cuenta? ¿Viste que ya no eras la misma y que probablemente ya no volverías a serlo?. Tengo tantas cosas que preguntarte... que ahora mismo no se me ocurriría ninguna. ¿Duermes bien por las noches? ¿Eres capaz después del daño que has causado? Incluida a mí. ¿No te odias a ti misma? Yo lo haría. Es más, yo lo hice. Hace tiempo cometí un error. Un secreto, una mirada cómplice, una promesa... Incumplida. Confié en quien no debí confiar y aquello rompió todos mis esquemas. Reproches, peleas, desconfianzas... Una de las peores épocas de mi vida. Y me pregunto, ¿no te despiertas en mitad de la noche, llorando por haber tenido una pesadilla? La pesadilla que siempre se repita, esa que te deja sin respiración y hace que el corazón te vaya a mil por hora. Y esa palabra, que se repite en tu mente y que te encoge el estómago: Sola. Porque lo estás, realmente lo estás. Quizá por eso decidiste seguir con la mentira que ya habías empezado. Y es que lo era, tu relación con él al final lo era. Sabes de lo que te hablo, sabes que lo sé todo. Que me hiciste daño, que me hiciste algo que no era justo. Yo lo estaba dando todo por él, me gustaba de verdad. Y tú... quisiste entrometerte, sabiendo que lo que estabas haciendo no era normal, que tú estabas con él. Y yo... yo no pude creerme que lo hicieras, que intentaras que él se fijara en ti. Y mucha gente lo sabía, pero tú fuiste lista, fuiste el zorro de esta historia. O en femenino quizá... 

Si él lo supiera, ¿qué crees que diría? Él te lo entregó todo, se dio a ti, te abrió su corazón. ¿Y tú así se lo pagas? No sabes nada, y nunca vas a saberlo, porque él ya nunca hablará de esto contigo. ¿Eres consciente de que lloró por ti dos veces? Él, que es una de las personas más fuertes que he conocido. Que nunca se ha derrumbado delante de mí, nunca le he visto llorar. Ni deseo hacerlo, pero tú... Tú conseguiste que lo hiciera, y no una vez no, dos. Supongo que debería felicitarte, ¡enhorabuena!, has conseguido hundir a una de las personas más importantes de mi vida. Pero no, no es algo por lo que deba felicitarte, no es algo que merezca un premio. Más que un logro, deberías considerarlo como una derrota. Y seguiste cambiando, no te quedaste sólo ahí, fuiste más allá. A mí ya me habías perdido, y supongo que ya lo sabías, pero no estabas satisfecha y fuiste más allá. Volviste a hacer lo que ya habías hecho una vez, pero esta vez no fue conmigo, sino con ella. Tu mejor amiga, o al menos una de ellas. Y cuando me enteré yo... No salía de mi asombro, creí que era una broma. Pero ya ves, cuando las personas te decepcionan una vez pueden hacerlo muchas veces más, ya nada se lo impide. Y la excusa que utilizaste... Aquello me demostró que tú ya no tenías corazón. Que como dijiste una vez, si me recuerdan será por hija de puta. Pues esta vez si que te felicito, enhorabuena, porque has conseguido que te recuerden sólo por eso.

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